En 2024, 72.8% de las mujeres mexicanas de 18 a 70 años reportó tener al menos un producto financiero formal, frente a 61.9% en 2021. En cuenta de ahorro formal, el salto fue de 42.6% a 58.6% en el mismo periodo.
El avance no elimina la brecha frente a los hombres, pero sí mueve una frontera que durante años parecía más estable de lo que era.
Lo relevante no es solo la estadística. Es la secuencia. Primero entra la cuenta, luego el uso digital, después la decisión de ahorrar con regularidad y, en el mejor de los casos, la de invertir. Ahí está la tensión central: México ha mejorado en inclusión financiera femenina, pero todavía no convierte ese progreso, al mismo ritmo, en participación dentro de mercados de inversión más sofisticados. El caso de las criptomonedas lo deja claro: apenas 2.1% de la población en el país reportó haber comprado o invertido en estos activos en 2024; entre mujeres, la proporción fue de 1.0%, frente a 3.4% en hombres.
La primera pregunta no es cuánto invierten, sino cuántas ya están dentro.
La ENIF 2024 marca un punto de inflexión porque la inclusión financiera femenina alcanzó su mayor nivel desde que se mide la serie reciente. El dato de 72.8% no equivale a igualdad, pero sí implica que la entrada al sistema dejó de ser una excepción para millones de mujeres. También importa que la brecha por sexo, aunque persiste, se redujo en una base más amplia de acceso y uso.
Fuente: Inmobiliare
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