Después de un sismo, una de las primeras preguntas de quienes viven o trabajan en un edificio es si la estructura se encuentra realmente en condiciones seguras para continuar ocupándolo. Sin embargo, la respuesta no siempre está a la vista.
En una ciudad como la Ciudad de México (CDMX), donde las características del subsuelo pueden modificar la forma en que se propagan y amplifican las ondas sísmicas, el hecho de que una persona haya sentido que el edificio se movió mucho no significa necesariamente que exista daño estructural.
La ingeniería estructural cuenta actualmente con herramientas que permiten ir más allá de la percepción de los ocupantes y obtener información cuantitativa sobre la manera en que respondió un inmueble durante un sismo.
Para los expertos de University Tower, una de estas herramientas es el monitoreo de la salud estructural, mediante dispositivos como acelerógrafos o sismógrafos colocados en distintos puntos de una edificación.
Registran estos equipos la respuesta del inmueble durante un movimiento sísmico. Posteriormente, los datos pueden ser analizados por especialistas para conocer variables como los desplazamientos que experimentó la estructura y compararlos con los parámetros esperados.
Fuente: realestatemarket.com.mx
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