El hormigón se agrieta con el paso del tiempo debido a diversos factores externos, como la humedad y los ciclos repetitivos de congelación-descongelación.
La aparición y aumento de fisuras es un proceso casi irreversible que puede poner en peligro toda la estructura.
Por ello, el equipo internacional de Roman Fediuk, de la Universidad Federal del Extremo Oriente (FEFU) en Rusia, ha ideado y probado un método llamativo para dotar al hormigón de la capacidad de autorrepararse.
Al preparar el hormigón normal, los científicos sustituyeron el agua ordinaria por agua con una concentración suficiente de bacterias Bacillus cohnii, capaces de sobrevivir en poros del material.
El hormigón curado fue sometido a pruebas de compresión hasta que se agrietó; entonces, los investigadores observaron cómo las bacterias actuaban en los huecos restaurando la resistencia del hormigón.
Durante el experimento, las bacterias se activaron cuando tuvieron acceso al oxígeno y la humedad, lo que ocurrió después de que el hormigón se agrietara bajo la presión aplicada por una máquina.
Las bacterias “despertadas” repararon completamente las fisuras, que tenían una anchura de 0,2 a 0,6 milímetros, en 28 días.
Esto se debe a que los microorganismos liberaron carbonato de calcio, producto de su actividad, el cual se cristalizó bajo la influencia de la humedad.
Tras 28 días de autorreparación, las losas de hormigón recuperaron su resistencia inicial a la compresión. En el hormigón renovado, las bacterias volvieron a “dormirse”.
“Es muy importante que las bacterias hayan reparado esas pequeñas fisuras, precursoras de futuras grietas más graves que habrían resultado imposibles de reparar”, destaca Fediuk. “Gracias a esas bacterias capaces de trabajar en el hormigón, es factible reducir o evitar por completo los procedimientos convencionales de reparación, que son costosos y técnicamente complejos”.
Las esporas de Bacillus cohnii son capaces de permanecer vivas en el hormigón hasta doscientos años y, en teoría, pueden prolongar la vida útil de la estructura durante el mismo periodo.
Esto es casi 4 veces más que los 50-70 años de vida útil del hormigón convencional.
Poder emplear hormigón autorregenerativo en las construcciones también sería de gran ayuda en zonas de riesgo sísmico, donde aparecen pequeñas fisuras en los edificios después de terremotos con una magnitud modesta, y en zonas con mucha humedad y alta pluviosidad donde cae mucha lluvia oblicua en las superficies verticales de los edificios.
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