La arquitectura contemporánea comienza a recuperar una relación más cercana con los materiales. Piedra, madera, barro y ladrillo dejan de ser elementos que deben ocultarse detrás de acabados para convertirse en parte de la experiencia de habitar un espacio.
Esta tendencia se relaciona con la arquitectura sensorial, una forma de diseño que busca que los espacios no solamente se observen, sino que también puedan percibirse mediante la textura, la luz, la sombra, el color y la materialidad.
Tan solo en México, esta relación tiene una base importante en la propia tradición constructiva. De acuerdo con la Encuesta Nacional de Vivienda (ENVI) 2020 del INEGI, el país contaba con 35.3 millones de viviendas particulares habitadas y 92.4% tenía paredes construidas con materiales resistentes, entre ellos tabique, ladrillo, block, cantera, cemento o concreto.









