El regreso a clases no solo modifica los horarios de millones de familias; también vuelve más evidente una variable que empieza a pesar en las decisiones de vivienda: el tiempo que se necesita para llegar de casa a la escuela, el trabajo y otros destinos cotidianos.
Particularmente en las grandes ciudades, elegir dónde vivir implica cada vez más que considerar el precio, la superficie o las características del inmueble. La ubicación puede determinar cuántas horas se destinan diariamente al tráfico o al transporte público y, en consecuencia, cuánto tiempo queda disponible para la familia, el descanso o las actividades personales.
Una jornada laboral con una hora de traslado de ida y otra de regreso representa alrededor de 10 horas semanales dedicadas únicamente al desplazamiento. Si se agregan los recorridos para llevar y recoger a los hijos, acudir a actividades extracurriculares, hacer compras o realizar otros pendientes, la carga puede aumentar considerablemente.
“Cuando se hablaba de vivienda, la conversación se concentraba principalmente en los metros cuadrados, el precio o las características del inmueble. Hoy tenemos que incorporar una variable adicional: el tiempo. Una buena ubicación puede representar horas que las personas recuperan para sí mismas y para sus familias”, señaló Enrique Téllez, Co-Director de desarrolladora del parque.
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