Hoy en día, los proyectos de construcción de universidades deben entenderse no solo como una infraestructura, sino como agentes activos de proceso de enseñanza-aprendizaje, capaces de inspirar, motivar y acompañar los hábitos de los estudiantes.
Es decir, las nuevas generaciones buscan entornos educativos más dinámicos, inclusivos y estimulantes, por lo que el modelo tradicional ha quedado rebasado, según GAYA.
La universidad contemporánea ya no se concibe como un conjunto de aulas aisladas, pasillos y patios, sino como un ecosistema integral que favorece la colaboración, la innovación y el bienestar; y es que diversos estudios han demostrado que los espacios físicos influyen de manera directa en lo académico.
Por ejemplo, un estudio de la Universidad de Salford resaltó que un entorno educativo bien diseñado puede mejorar el desempeño de los estudiantes hasta en un 25 por ciento. “La diferencia entre aprender en un aula tradicional y hacerlo en un espacio innovador equivale prácticamente a un año de avance académico”.
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