La verticalización se ha convertido en una de las principales tendencias del desarrollo inmobiliario en México. Más que una moda arquitectónica, representa una respuesta estructural a las limitaciones físicas, económicas y demográficas que enfrentan las grandes zonas metropolitanas del país.
Urbes como la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, Querétaro, Puebla y Tijuana, entre otras, enfrentan una realidad común: la disponibilidad de tierra urbanizable es cada vez menor, mientras que la demanda de vivienda, oficinas, espacios comerciales y servicios continúa creciendo.
La tierra: un recurso cada vez más escaso
Durante décadas, las ciudades mexicanas crecieron de forma horizontal, expandiéndose hacia la periferia. Sin embargo, este modelo ha comenzado a mostrar sus límites, sobre todo en la Ciudad de México.
Según especialistas de Tinsa México, la verticalización no surge porque los desarrolladores prefieran construir torres, sino porque en las zonas con mejor conectividad prácticamente ya no existe tierra disponible para seguir creciendo horizontalmente.









