Durante años, el desarrollo urbano en la Ciudad de México se asoció con grúas, demoliciones y obra nueva. El crecimiento parecía depender de empezar desde cero. Sin embargo, frente a la presión ambiental, el encarecimiento del suelo y la necesidad de vivienda mejor ubicada, la discusión ha cambiado: hoy la pregunta no es cuánto se puede construir, sino qué tanto se puede aprovechar de lo que ya existe.
El reciclaje arquitectónico —también llamado rehabilitación o reconversión— se ha convertido en una de las estrategias más relevantes para redefinir la ciudad. La lógica es clara: antes de demoler, evaluar; antes de desechar, transformar.
Para el arquitecto Alexandre de Rungs, “el verdadero progreso no está en sustituirlo todo, sino en saber intervenir con inteligencia lo que ya forma parte de la ciudad”, señala.
La diferencia entre demoler y rehabilitar va mucho más allá de lo estético. Derribar un edificio implica generar toneladas de residuos, consumir energía en transporte y disposición de escombros, y utilizar nuevos materiales —acero, concreto, vidrio— cuya producción tiene una alta huella de carbono.
Fuente: realestatemarket.com.mx
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