Economía circular de vivienda sin avances:José Reynoso González.
A pesar de los beneficios para el medio ambiente y la población, el modelo de economía circular de la vivienda sigue un ritmo de crecimiento lento a nivel mundial. De acuerdo con el especialista en construcción y vivienda, José Reynoso González, los proyectos inmobiliarios siguen siendo escasos y se concentran en comunidades marginadas o de difícil acceso.
En África, por ejemplo, ONU-Hábitat ha documentado esfuerzos para transformar los residuos plásticos en ladrillos o bloques entrelazados, en los que el plástico triturado o fundido se combina con arena u otros materiales para crear componentes de construcción resistentes y a prueba de la intemperie.
En Ecuador, asociaciones civiles recuperaron la Casa Taller Guápulo en Quito, un inmueble de 730 metros cuadrados, construido íntegramente de madera en un antiguo asentamiento indígena. Su principal característica es la reutilización de materiales propios de la zona, como árboles caídos.
Pese a estas iniciativas, la producción de vivienda no es un modelo a gran escala sin importar sus beneficios a la conservación de los ecosistemas, lamenta José Reynoso González.
“La economía circular de vivienda se basa en la noción de las seis R: reducir, reutilizar, reciclar, rediseñar, remanufacturar y recuperar. En ese sentido, su objetivo principal es disminuir drásticamente la necesidad de nuevas materias primas, lo que haría que la vivienda sea ambientalmente sostenible y rentable a largo plazo”, explicó.
De acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), este sector consume el 32% de la energía mundial y contribuye con el 34% de las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, ningún gobierno ni institución privada ha apostado por este modelo, que existe desde hace más de dos décadas.
Para el especialista en construcción y vivienda, José Reynoso González, la economía circular de la vivienda también contribuye a atender la crisis del hogar propio, ya que permitiría la recuperación de inmuebles abandonados o en desuso. Además, aceleraría su entrega y reduciría los costos de producción.
De acuerdo con cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), en los últimos 10 años, el número de viviendas desocupadas o abandonadas en 15 países de Latinoamérica se incrementó entre 10.7% y 14.5%. Esto equivale a 12.5 millones de hogares.
“Al repensar cómo se construyen, se financian y se desmantelan las viviendas, podemos reducir su impacto ambiental y, al mismo tiempo, crear comunidades asequibles y resilientes”, concluye el especialista.
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