En México, hablar de vivienda para una vida más larga obliga a distinguir entre comunidad, alojamiento y cuidados. Cohousing, coliving y senior living pueden compartir espacios, pero no necesariamente quién decide, quién opera ni qué servicios se pagan.
Un comedor compartido no basta para convertir un desarrollo en cohousing. Tampoco una comunidad de personas mayores equivale, por sí misma, a una residencia asistida. Para quien diseña, financia o comercializa vivienda, la diferencia importa antes de dibujar la primera planta: cambia la relación entre los residentes y el inmueble.
La escala demográfica justifica examinar alternativas, no dar por probada una demanda. La Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México estimó que en 2024 había 32 millones de personas de 50 años y más. Además, 35% de esa población cuidaba a menores de 12 años o a personas adultas enfermas o con alguna discapacidad. Son resultados publicados por el INEGI en abril de 2026: describen vidas y responsabilidades diversas, no un segmento homogéneo de compradores.
Fuente: Inmobiliare
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