Debido a la compleja historia de París, cualquier trabajo en el centro histórico de la ciudad requiere una investigación arqueológica previa. Parte de la plaza frente a la catedral se ha convertido en un yacimiento arqueológico abierto, que los medios franceses ya han calificado como «la excavación del siglo».
Según los arqueólogos, las primeras capas históricas comienzan a una profundidad de unos 50 centímetros. Algunos días, los investigadores encuentran hasta 15 cajas de artefactos. Entre los hallazgos más valiosos se encuentra una moneda del siglo IV que representa al emperador romano Constantino el Grande, así como numerosos fragmentos de cerámica medieval.
De particular interés resultaron los fragmentos de cerámica con inscripciones o símbolos rojizos en la superficie interior. Su significado sigue siendo desconocido. Los arqueólogos consideran estos hallazgos como algunos de los más misteriosos descubiertos durante las excavaciones.
Los investigadores lograron reconstruir la secuencia de estratos históricos bajo la plaza. Inmediatamente debajo de la superficie moderna se encuentran los restos de casas medievales, incluyendo sus sótanos. Más abajo, se hallan fosas de grano de los periodos merovingio y carolingio, entre los siglos VI y X. Aún más a mayor profundidad, se descubre un barrio romano de los siglos IV y V, que existió en la época en que París era conocida como Lutecia.
Los arqueólogos también han encontrado ejemplos de la reutilización de materiales de construcción en el período romano tardío. En particular, uno de los umbrales de piedra de una gran estructura romana fue volteado y utilizado como pavimento.









