La ciudad de Nueva York busca dejar atrás uno de los mayores contrastes de su sistema de movilidad: contar con la red de autobuses más utilizada de Estados Unidos, pero también con una de las más lentas.
Para revertir esta situación, el alcalde Zohran Kwame Mamdani y la gobernadora Kathy Hochul presentaron Next Stop: Fast Buses, Better Service, un ambicioso programa que promete redefinir el transporte público de superficie mediante una alianza sin precedentes entre el Departamento de Transporte de la Ciudad de Nueva York (NYC DoT) y la Autoridad Metropolitana de Transporte (MTA).
La iniciativa contempla inversiones por 882 millones de dólares durante los próximos cinco años –254 millones en gasto operativo y 628 millones en infraestructura– para convertir al autobús en una alternativa más rápida, accesible y confiable para millones de usuarios.
Cada día, cerca de 2.75 millones de personas utilizan los autobuses neoyorquinos, un volumen superior al de los sistemas de Los Ángeles, Chicago, San Francisco y Filadelfia juntos. Sin embargo, estas unidades circulan a una velocidad promedio de apenas 12.8 kilómetros por hora, afectadas por la congestión vial y una infraestructura insuficiente.








